domingo, 24 de febrero de 2008

Carta de ajuste

De pronto he echado de menos la carta de ajuste




















Así, ya está, ya me encuentro mejor.

Disney en el III Reich

Hoy en el periódico leía lo siguiente

Hitler era tan fanático de Disney que pintaba a Blanca Nieves y a Pinocho El dictador alemán Adolf Hitler era un apasionado de los dibujos de Blanca Nieves y Pinocho de la factoría de Walt Disney, hasta el punto de que se entretenía haciendo copias de esos cómics, según un historiador noruego. William Hakvaag, director del Museo de la Guerra de Lofoten, en Noruega, está convencido de haber adquirido cuatro copias de esos dibujos salidos de la mano del Fürher. Goebbels le regaló en las navidades de 1937 doce copias de filmes del ratón Mickey y a partir de ahí surgió el proyecto de dotar al régimen de su propia productora de dibujos animados.

No sé qué credibilidad tiene tal historiador, pero la mera posibilidad de que fuera cierto me parece fascinante. ¿Es posible que el responsable del asesinato sistemático de millones de personas dibujara a Blanca Nieves? Me lo imagino llegando extenuado a casa con la satisfacción del trabajo "bien hecho", cogiendo el block de dibujo, un lapicero y copiando a Disney para distraerse. Si por lo menos dibujara a la bruja, pero resulta difícil de imaginar un rasgo de inocencia, como el trazar amorosamente la figura de Blanca Nieves, en un tipo tan siniestro.



Lo que me resulta más sencillo de creer es que Goebbels tuviera un sincero interés en crear una productora de dibujos animados. Qué mejor manera de adoctrinar a las juventudes del Tercer Reich y a toda Alemania, que el simpático ratón Mickey predicando la supremacía de la raza aria. Uno de los textos más interesantes que he leído es precisamente sobre las emisiones de radio nazis durante la segunda guerra mundial de E.H. Gombrich en Ideales e ídolos, transcribo unos fragmentos:

Y es que Goebbels, desde luego, consideraba la propaganda como un arte y a sí mismo como un gran artista capaz de manipular las emociones de una nación. Como artista, distribuía cuidadosamente sus clímax y decretaba de antemano, por ejemplo, que durante la inminente campaña de los Balcanes no debía haber más de dos o tres máximos anuncios de victoria, con redoble de tambores e himnos para evitar un efecto de desgaste [...] La guerra que Hitler comenzó con su ataque a Polonia en el otoño de 1939 iba a ser la primera contienda en la que uno de los recientes creados mass-media fuese incorporado al propósito de convertir a toda la nación en animoso participante de la Historia con H mayúscula[...] Vista desde Alemania en la época, la historia mundial era el cumplimiento de un destino, la satisfacción de una promesa. Esta promesa se encontraba implícita en la conquista de Alemania por los nazis, el Kampfzeit al que Hitler, Goebbels y los demás recurrían en buenos y malos momentos, pues tal como su milagroso ascenso había triunfado sobre sus corruptos adversarios a la izquierda y a la derecha, también la recaída nación triunfaría sobre los envidiosos y decadentes señores de la guerra de occidente.

sábado, 16 de febrero de 2008

La primavera a la vuelta de la esquina

El invierno me resulta cada vez más aburrido. El frío y la lluvia hacen que todo pase como a cámara lenta bajo las luces eléctricas de nuestras confortables cajitas apiladas. Bien es cierto que este año el invierno ha sido más seco y templado que de costumbre, pero lo días cortos y un sol que se resiste a quemarme la piel me dejan un regustín desagradable. Deberíamos tener de serie un billete de ryanair en el hipotálamo, como los pájaros, y largarnos pitando a tierras más cálidas en cuanto el termómetro empieza a marcar por debajo de los quince grados. No puede ser, una lástima. No obstante, el invierno, cada año, como disculpándose, me hace uno de mis regalos preferidos, la promesa de la primavera. Siempre es igual. Suelo andar buceando en mis pensamientos mientras camino por la calle, cuando de pronto, me sorprende el primer verdor en las ramas de un árbol desnudo. Olvido todo, el invierno, el frío, el aburrimiento y soy inmensamente feliz, durante diez minutos. Este es el árbol que me ha dado la buena noticia este año.



Insensato, pensé tras la emocón inicial, vendrá la primera helada y se quemarán todos tus brotes. Espero que resista, le estoy muy agradecida.