jueves, 22 de noviembre de 2007

Pachelbel's alive

Lo envió mi amiga Katia hace varios meses, lo he recordado hoy y lo he vuelto a ver, me parto de la risa.

martes, 13 de noviembre de 2007

Dormisea



Señores farmaceuticos, laboratorios, científicos en general ¡No busquen más! He encontrado la solución definitiva a los problemas de insomnio. Completamente natural, hecho de genio, tradición y poesía, en excipiente de celulosa.
"La Odisea" de Homero. ¿Un día duro en el trabajo? ¿Estrés? Tres páginas nada más acostarme y concilio el más dulce de los sueños. Más difícil todavía. ¿Me despierto sobresaltada en medio de la noche acosada por pensamientos negativos? Tan sólo una dosis algo mayor, cinco páginas y vuelvo a dormir plácidamente. Sin contraindicaciones, sin efectos secundarios. La enésima y quizás definitiva revolución científica.
El único inconveniente que le veo es que a un ritmo de tres páginas diarias yo no sé cuando voy a terminar de leerlo. Di que hasta ahora, Telemaco, Nestor, Helena, Menelao y como no, Atenea, la de ojos de lechuza, me hacen buena compañía.

sábado, 3 de noviembre de 2007

Donde la Iglesia es

Esta mañana, después de mucho tiempo y aprovechando unas pocas horas de soledad, me he acercado a mi monasterio favorito. La hermana encargada de la puerta, una monja a quien no conocía, me ha recibido sonriente.

- Hermana, querría pasar la mañana rezando.
- Esta es tu casa, toma la llave. ¿Tu nombre?
- Maria, solía venir hace años.

En realidad han pasado poco más de cinco años desde que dejé de ir por allí con cierta frecuencia, pero hoy en la liturgia de las horas, cuando todas las hermanas han salido a la capilla a rezar, me he dado cuenta de que han envejecido. Ni una sola cara nueva, ni una sola cara joven. Me ha entristecido pensar que quizás dentro de unos pocos años no habrá ninguna monja sonriente que me dé las llaves de su casa sin hacer preguntas.

La Iglesia, el sacerdocio, la vida monástica, no están de moda. Sin embargo he visto pocas cosas más hermosas que la sonrisa perenne de la hermana Teresa cuando nos recibía en el monasterio.

Lo mejor de la Iglesia que yo he conocido, no hace mucho ruido, no sale en prensa, ni suele ser la comidilla del barrio, pero es deslumbrante. Está Conchi, que con veintitrés primaveras y risa incontenible se lió el petate y se marchó a un barrio chino a prodigar abrazos y asistencia social a las prostitutas, a quienes tanto se "respeta" y tan poco se ama. Está Javier, un sabio franciscano tan decididamente pobre que lo peor que le puedes hacer es un regalo, u otro Javier, mi párroco, que como si no tuviera bastante con las clases del seminario y llevar él solito una parroquia de tropecientos fieles, aún saca tiempo para visitar a Carmen una vez por semana, porque Carmen, a quien no conocía, se está muriendo.

También está Teresa, una laica invencible, que de tanto darse, le falta agenda, o Julia, una superiora intensa que dice tajante que la Iglesia se equivoca con los homosexuales, como si ella no fuera lo mejor de esa Iglesia. Están, finalmente, otros tantos cientos que decidieron que dar es mejor que tener y dedican a ello sus mejores energías, aunque evidencien tantas veces su torpeza.

Esto es lo que yo he vivido, y de lo que nadie habla, y si no lo digo, reviento.