
Maravilloso siglo XXI. La era de la comunicación. Las distancias no existen. Información en tiempo real en cada punto del planeta... y sin embargo, odio mi teléfono.
Esta mañana he comprobado con cierta satisfacción, que no estoy sola, que en el trabajo casi todo el mundo odia su teléfono. El mismo teléfono por el que una mañana te encargan el proyecto de tu vida, y al instante siguiente un piratilla intenta llevarte al huerto.
Precisamente por que por ese medio, un cliente me estaba presionando hasta hacerme sangre, he tenido que deshacer mis planes, coger el coche y salir pitando a la notaría, o trinando, o ambas cosas. ¿Maricarmen? La mujer del fondo. Mira, me envía Sergio, por lo de Liédena. RRRRIIIIIIIIIIIIIING. Maricarmen, instintivamente, a fulminado con una mirada de odio digna del mejor de los westerns al dichoso aparato. No ha contestado. Mi corazón se ha llenado de comprensión y empatía en ese mismo momento. ¡Sí! Yo también lo odio, tampoco soporto ese sonido estridente que anuncia las más variadas calamidades, y algunas escasas alegrías. Sí, no contesto, no estoy disponible, mi tiempo es MIO. ¡JA JA JA JA!
Precisamente por que por ese medio, un cliente me estaba presionando hasta hacerme sangre, he tenido que deshacer mis planes, coger el coche y salir pitando a la notaría, o trinando, o ambas cosas. ¿Maricarmen? La mujer del fondo. Mira, me envía Sergio, por lo de Liédena. RRRRIIIIIIIIIIIIIING. Maricarmen, instintivamente, a fulminado con una mirada de odio digna del mejor de los westerns al dichoso aparato. No ha contestado. Mi corazón se ha llenado de comprensión y empatía en ese mismo momento. ¡Sí! Yo también lo odio, tampoco soporto ese sonido estridente que anuncia las más variadas calamidades, y algunas escasas alegrías. Sí, no contesto, no estoy disponible, mi tiempo es MIO. ¡JA JA JA JA!