miércoles, 28 de marzo de 2007

Suspicacias culturales


I
Serían las once, cuando me acerqué al Coliseo a echar un café, hacía semanas que no me pasaba por allí. Un café con leche, templada, por favor. El camarero me cae simpático. No habla apenas, pero siempre que pido un pincho me acerca un vaso de agua y me dice, toma, para que te ayude a tragar mejor.
Junto a mí, en la barra había un par de chicos pidiendo. Entre ellos, cosa rara en Pamplona, hablaban en euskera. Un café, y un pincho de tortilla, horko mahai hori ondo dirudit(1), ¿Cuanto es?. Cuando se fueron a su mesa, el camarero secaba enérgicamente un vaso, pues como me lo pidas en eusquera, me voy a enterar de algo. Normalmente me habría callado, pero no puede evitar el comentario, te lo ha pedido en castellano. Poco después, el chico volvió a pagar, el camarero parecía avergonzado.

II
Eran las últimas etapas. Tras pasar alguna pequeña crisis durante la primera semana, estabamos en forma. Los treinta kilómetros diarios que nos esperaban hasta llegar a Santiago serían poco más que un agradable paseo. Llevábamos casi un mes coincidiendo en los distintos albergues, y algunos de los que habían salido solos, habían hecho buenas migas y caminaban en grupo. Xabier, de Tolosa, era un chico majo, aunque un poco simple. No habíamos tratado mucho con él directamente y no sabía que le estaba entendiendo cuando hablaba con su madre por teléfono:
Ederto ama, oso ondo pasatzen ari naiz. Ezetz jakin zelako jendeaz nabilen? Albazetekoa, Madrilekoa, Galiziakoa, Bai ba, - con voz de asombro- ba oso jende maja dira!(2)

(1)Esa mesa me parece bien.
(2)Lo estoy pasando muy bien, mamá. ¿A que no sabes con qué gente ando? De Albacete, de Madrid, de Galicia, sí, sí. ¡Pues son muy majos!

lunes, 26 de marzo de 2007

Haz lo que amas

Sucede a veces, que los que callan son quizás, los mas sabios. Porque el tiempo que otros empleamos en parlotear, ellos lo emplean, por lo visto, en zambullirse en la hondura de las cosas para contarlas así, brevemente. Dando a entender que para decir algo juicioso, aunque sea una sola cosa, es importante haber escuchado con atención, haber reflexionado pausadamente. Así sucede en la película "Little Miss Sunshine". Quien la haya visto sabrá seguramente a quién me refiero, al hermano "mudo". Pero lo que me propongo no es desentrañar los entresijos del personaje, que daría para largo. Sólo quiero centrarme en alguna de las contadas palabras que dice al final. Haz lo que amas.
Son tan sencillas, tan maravillosamente ingenuas. Se me quedaron en la trastienda, revoloteando. Como si fueran un eslogan breve y directo que conjugara mis mejores pensamientos. Haz lo que amas. Y se puede amar tanto. El fruto de las propias manos; las pasiones estructurantes; la risa, la voz y las palabras; el cuerpo, el propio y el ajeno; los generosos pensamientos de algunos; la voluntad inquebrantable de otros; los cuatro elementos y un quinto si hubiera inventarse. Se puede amar a Dios, a Dios y a las personas. Haz lo que amas, no ha de invertirse, haz lo que amas.

viernes, 23 de marzo de 2007

Política vs Ética

El título quizás resulte algo pretencioso, pero últimamente me siento como si alguien me hubiera robado la almohada. No hace falta ser un agudo observador de la actualidad política en general para descubrir que nos están intentando meter un gol constantemente. Por poner un ejemplo, las armas de destrucción masiva de Iraq. Nos mienten, por todos los medios y por los mismos fines. La verdad es compleja, claro, pero a veces es tan sencilla como que sé que me estás mintiendo y por qué lo haces, y además tú también los sabes. Pero hemos de jugar a la democracia de plastilina, a la libertad de expresión y al totalitarismo enmascarado. Porque de eso se trata, de mandar, y de mandar mucho, cuanto más mejor. Lo demás, los discursos, el idealismo, es pan y es circo.
La moral no existe, gritaba un fulano, y cincuenta años después alguien inventó los Derechos Humanos, supongo que por entretenerse, o entretenernos, o por llenar algún discurso políticamente correcto, o demasiados. No obstante, no parece un mal lugar común. Ética antropocéntrica, sea, es lo que toca, es lo que hay. Pero la ética, así dicha, es más bien la hermana boba, a la que siempre es fácil engañar, como se deja.
La ética, a mi entender, es responsabilidad, pero de la buena, de la de he sido yo, lo siento, está mal, mañana lo haré mejor. Algo he aprendido a pie de obra y es que lo habitual es echar la culpa a otro y que no se te note. Es tan viejo como el mundo, ya lo dijo Adán: ¡Ha sido ella! y si cuela, a comer manzanas.

martes, 13 de marzo de 2007

"Ensayo sobre la ceguera" José Saramago

Algo bueno ha de tener un viaje relámpago a Barcelona con seis horas de tren por delante: zamparse un libro de 350 pág. En la librería, frente a la estantería de libro de bolsillo, intentando descubrir nuevos autores, me decanté por Saramago porque alguíen me lo mencionó una vez. El título, o el tema, me resultaban familiares, y así, con tan poco en la mochila empecé a leerlo. La sinopsis, la de la contraportada: una ceguera blanca se expande [...] los ciegos [...] se ven obligados a sobrevivir. La novela es sórdida; las situaciones, extremas, una tras otra in crescendo; la violencia; el miedo. Bajo la podredumbre, la compasión, constante. Tras el atracón inicial, y pasados los días me descubro a mí misma destilando de cada imagen un significado ambiguo y sugerente, como si en cada página se retratara a la humanidad en las entrañas. Lo animal, insuperable; lo sublime, escaso; la fragilidad; la contradicción. A fin de cuentas, recomendable.