jueves, 8 de mayo de 2008

El miedo a la libertad

Nunca sé muy bien por qué compro los libros. No suelo tener una idea fija, doy una vuelta por la librería y me los encuentro. Quizás me lo recomendó alguien meses atrás, o me suena el nombre del autor, o el título es sugerente. Lo que sí es cierto, es que casi nunca voy a una librería a comprar un libro en concreto. Tanto más cuando me doy un paseo por la Cuesta de Moyano. Las hojas amarillas, las ediciones pasadas de moda, los libros baratos, el aire apacible de los libreros, el sol y la sombra de los puestos, suelen ser aliciente suficiente para pasar un buen rato a media mañana.
En esas estábamos, era cerca de medio día y en poco más de una hora nos esperaban las croquetas de mi suegra. Me había prometido a mí misma no comprar ningún libro. No sé muy bien porqué, por diversión, imagino. Esas cosas siempre hacen reír a Juanjo.
Como podréis sospechar, incumplí mi promesa. Al fin y al cabo, un libro es, sin duda, lo más barato que existe. Siete euros por un sesudo ensayo sobre psicología social, una ganga. Ahí lo tenía, entre mis manos, con sus hojas amarillas, su edición pasada de moda “El miedo a la libertad” de Erich Fromm.
Mi forma especial de comprar libros, consigue que siempre me maraville cuando un libro inesperado resulta revelador. Siempre danzando en el límite entre lo casual y lo causal. Desde un primer momento, y en cada página, Erich Fromm pone nombre a alguna de mis mejores intuiciones, pero la verdad es que no se me dan bien los resúmenes, así que aquí os dejo un enlace.

viernes, 11 de abril de 2008

A vueltas con el sentido del humor de las grandes

Tenía que ser Ella esta vez, lo curioso de todo esto es que yo pensaba que la Fitzgerald no se metía, jaja.

martes, 1 de abril de 2008

Bird Nest

Después de un poquito de música, un poquito de arquitectura ¿Habéis visto lo increíblemente alucinante que es el Estadio Olímpico de Pekín de Herzog y DeMeuron? A flipar un poquito

miércoles, 26 de marzo de 2008

Judge, send me to the electric chair

Estos días atrás he tenido la gordísima suerte de tener una master class con Deborah J. Carter. Gran cantante, generosa, encantadora... en fin, una delicia. Entre las muchas cosas interesantes que me dijo durante la clase, me recomendó que escuchara a Dinah Washington, y yo, obediente como siempre, me he puesto a ello en cuanto he tenido oportunidad. La cuestión es que, trasteando en youtube, me he encontrado este vídeo y llevo como un cuarto de hora partida de la risa. Lo mejor el final, cuando, con las manos cogiditas y con un pestañeo coquetuelo canta Please, judge, send me to the electric chair. Genial.

martes, 4 de marzo de 2008

En buena compañía

En fin, llevo un buen ratazo escuchando a Miles y me estoy poniendo tontorrona...


domingo, 24 de febrero de 2008

Carta de ajuste

De pronto he echado de menos la carta de ajuste




















Así, ya está, ya me encuentro mejor.

Disney en el III Reich

Hoy en el periódico leía lo siguiente

Hitler era tan fanático de Disney que pintaba a Blanca Nieves y a Pinocho El dictador alemán Adolf Hitler era un apasionado de los dibujos de Blanca Nieves y Pinocho de la factoría de Walt Disney, hasta el punto de que se entretenía haciendo copias de esos cómics, según un historiador noruego. William Hakvaag, director del Museo de la Guerra de Lofoten, en Noruega, está convencido de haber adquirido cuatro copias de esos dibujos salidos de la mano del Fürher. Goebbels le regaló en las navidades de 1937 doce copias de filmes del ratón Mickey y a partir de ahí surgió el proyecto de dotar al régimen de su propia productora de dibujos animados.

No sé qué credibilidad tiene tal historiador, pero la mera posibilidad de que fuera cierto me parece fascinante. ¿Es posible que el responsable del asesinato sistemático de millones de personas dibujara a Blanca Nieves? Me lo imagino llegando extenuado a casa con la satisfacción del trabajo "bien hecho", cogiendo el block de dibujo, un lapicero y copiando a Disney para distraerse. Si por lo menos dibujara a la bruja, pero resulta difícil de imaginar un rasgo de inocencia, como el trazar amorosamente la figura de Blanca Nieves, en un tipo tan siniestro.



Lo que me resulta más sencillo de creer es que Goebbels tuviera un sincero interés en crear una productora de dibujos animados. Qué mejor manera de adoctrinar a las juventudes del Tercer Reich y a toda Alemania, que el simpático ratón Mickey predicando la supremacía de la raza aria. Uno de los textos más interesantes que he leído es precisamente sobre las emisiones de radio nazis durante la segunda guerra mundial de E.H. Gombrich en Ideales e ídolos, transcribo unos fragmentos:

Y es que Goebbels, desde luego, consideraba la propaganda como un arte y a sí mismo como un gran artista capaz de manipular las emociones de una nación. Como artista, distribuía cuidadosamente sus clímax y decretaba de antemano, por ejemplo, que durante la inminente campaña de los Balcanes no debía haber más de dos o tres máximos anuncios de victoria, con redoble de tambores e himnos para evitar un efecto de desgaste [...] La guerra que Hitler comenzó con su ataque a Polonia en el otoño de 1939 iba a ser la primera contienda en la que uno de los recientes creados mass-media fuese incorporado al propósito de convertir a toda la nación en animoso participante de la Historia con H mayúscula[...] Vista desde Alemania en la época, la historia mundial era el cumplimiento de un destino, la satisfacción de una promesa. Esta promesa se encontraba implícita en la conquista de Alemania por los nazis, el Kampfzeit al que Hitler, Goebbels y los demás recurrían en buenos y malos momentos, pues tal como su milagroso ascenso había triunfado sobre sus corruptos adversarios a la izquierda y a la derecha, también la recaída nación triunfaría sobre los envidiosos y decadentes señores de la guerra de occidente.