En ellos estaban instalados los cuatro ministerios entre los cuales se dividía todo el sistema gubernamental. El Ministerio de la Verdad, que se dedicaba a las noticias, a los espectáculos, la educación y las bellas artes. El Ministerio de la Paz, para los asuntos de guerra. El Ministerio del Amor, encargado de mantener la ley y el orden. Y el Ministerio de la Abundancia, al que correspondían los asuntos económicos. G. Orwell. “1984” Ed. Espasa Calpe, 2007.
“Si las mujeres gobernáramos el mundo las cosas irían mejor, no habría guerras” He aquí uno de esos hermosos lugares comunes. Estoy segura de que todos hemos oído esa idea formulada de una u otra manera alguna vez, puede que incluso creamos firmemente en ello. Las mujeres somos pacíficas, no empleamos la violencia para resolver los conflictos. La paz es, al fin y al cabo, una característica femenina…
Y un cuerno. ¿O tal vez sí?
Admito que estoy confundida. Confundida por Tzipi Livni, por Condoleezza Rice, por Michèle Alliot-Marie, por Carme Chacón incluso, por Hillary Clinton. Todas mujeres, Ministras de Interior, de Defensa, de Asuntos Exteriores… Condoleezza no me creaba tantos problemas. Solía pensar a menudo con curiosidad en el poder que tenía una mujer negra, pero era demasiado masculina, quizás. Tampoco Hillary, mi querida y ambiciosa progresista americana (términos, los dos últimos, contradictorios, por otra parte). La que me tiene francamente sorprendida es Tzipi Livni, la Ministra de Asuntos Exteriores Israelí, que lleva desde que se inició la ofensiva armada en Gaza partiéndose la cara ante la comunidad internacional diciendo que sí, que todo eso de la legalidad internacional, el asesinato indiscriminado de civiles, que está muy bien, pero que es lo que hay. Si a alguien todavía le quedan ganas de defender eso de que las mujeres vamos a salvar al mundo, que levante el dedo.
Hay demasiados ejemplos de mujeres que han ostentado cargos de poder y han sucumbido a las mismas tentaciones que sus homólogos masculinos. Ergo…
Pero esta proliferación de mujeres en cargos delicados, no creo, sinceramente, que venga motivada por la propia ambición de las protagonistas. ¿Estamos hablando de la misma Hillary Clinton? Aunque, probablemente sí sea su ambición la que les lleva a dejarse utilizar.
En nuestros estados democráticos y nominalmente pacifistas, debemos crear el Ministerio de la Paz de "1984". Más concretamente debemos creer el Ministerio de la Paz, y creemos, hermoso lugar común, que la guerra sigue sin ser un asunto de mujeres.
Y un cuerno. ¿O tal vez sí?